
Yo y los buenos propósitos, y el pasárselos por el forramen con una constancia y tenacidad admirables, en fin.
Recién llegadita a la casa, sin putas ganas de hacer, nada, y encontrando la excusa perfecta: qué coño, voy a escribir un post, el del solsticio de primavera, será, porque gensanta qué perra soy, que no me llegan a 4 por año. Bueno.
Por aquí la vida, como siempre, de lo más interesante (por los cojones): libros, correcciones, clases, instintos asesinos para con los teutones bonsáis… la vida cmo siempre. Una cosa sí que ha sido divertida este finde pasado: mi querido hizo de cura en un videoclip para unos colegas, y la que suscribe de figuranta vil… ¡¡¡en una iglesia!!!
La jinchá a reír que nos pasamos grabando, fue memorable. La gente muy maja, los de la banda un encanto, la maquilladora una jachonda mental y la actriz principal perdida ella, la pobre, que además tuvimos que repetir tomas 80 veces, ya no por lo de los diferentes angulos, sino porque yo no sé qué coño le estaba diciendo mi legítimo del pan de misa que a la otra le dio tal ataque de risa que tuvimos que hacer descanso y todo. Pero guay.
Momento no tiene precio, cuando llaman a la puerta de la iglesia y me aparece un venerable abuelo karlsruheño (esa filóloga inventándose gentilicios como le sale de) con una Black&Decker o algo apaecido en la mano y se disculpa porque tiene que subir al piso de arriba a hacer no sé qué leches, y me pregunta muy cortésmente si estamos en medio de la misa, ya que no querría molestar. Mi respuesta: “Pero hombre de dios, esto es una iglesia, ¿qué se piensa usted?¿Que estamos rodando un video de rock o qué?” La actriz principal, a mi lado recuperándose del soponcio, estalló en carcajadas, se le corrió todo el maquillaje y yo me llevé una bronca de parte de la maquilladora que no les cuento. Pero valió la pena.
Poco más, el resto del sábado me lo pasé haciendo de tortillera, metida en la cocina haciendo una cantidad tal de tortilla de patatas que parecía que fueran a venir las legiones del césar a echarse las cañas en mi Jaus y después de dejar todo el edificio oliendo a fritanga, de cumple de una amiga, con escotazo vil que hizo las delicias de los invitados y a mí me supuso pasarme media noche arremetiéndome el refajo e intentando que no se me salieran los temas. Buena música, mejor compañía, y un una botella de Cacique recién traída de España (estos infieles no saben lo que es el buen ron) que hizo que a la hora de empezar se sacaran las guitarras y acabáramos cantando todo lo que se nos ocurría.
La resaca dominguera tampoco estuvo mal del todo. Y la conversación subsiguiente con un buen amigo mío que se quedó en casa a dormir tampoco. Tras litros de café y de cola, los dos en el sofá fumándonos lo que nos quedaba del día anterior y pareciendo los zombies de “Shaun of the dead”, hablando de nuestro (incierto) futuro en plan trascendental, de repente el señor **** se me vuelve, toma aire como para coger fuerzas y aclararme de una vez por todas todos los secretos del universo, y lo que salió de su boca, mirándome a los ojos con mirada insondable, fue “Nena, ¿tienes una aspirina?”.
Y es que ya no tenemos 20 años. Bueno, ni 25, qué coño. Por no tener no tenemos ni 30 ya, qué decrepitud!
PS. la foto de Campino no tiene nada ue ver con el post, no hay que buscarle las vueltas, lo pongo porque está como un queso. Y punto.
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