Estando yo a mi bola, en una tienda buscando una cajita para la tiza-apasionante vida la mía, oyes, ríete tú de Lara Croft en busca de tesoros-, de repente noto un piececito cabrón que me deja el dedo gordo hecho puré. En de que me vuelvo hecha una furia para espetarle al enano teutón lo que pensaba de su genealogía materna hasta la cuarta generación, me he quedado con el dedo en alto y cara de gilipollas. Delante de mí, sin llegarme siquiera a la altura de la cadera, tenía una versión bonsái de un rapero del Bronx. Unos 4 años, gorra de béisbol puesta del revés, pantalones por debajo de la raja del culo, camiseta de algún grupo de negratas con unas cadenas de oro como mi muñeca de gordas y unos pelos que no se los deseo ni a mi peor enemigo, y cara de malos malotes en plan estamos aquí para reivindicar sabe dios qué coño. Me he dado la vuelta mascullando en arameo, mientras pensaba que la frase de “si es que la culpa es de las madres que las visten como putas” se ha quedado anticuada, dando paso a “si es que los visten como a gilipollas”. Y claro, a ver qué podemos esperar luego de ellos, si ya empiezan sus señoras madres a inculcarles la gilipollez desde pequeños… pues que cuando lleguen a adolescentes, o adultos, se conviertan exactamente en aquello para lo que los han educado: unos perfectos imbéciles.
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Autor: illyakin
Fecha: 02/10/2007 00:59.
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