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raksha

El viejo verde,un perfecto caballero.

Un lugar de Baden-Würtemberg de cuyo nombre no me quiero acordar, hora 00 (en torno a las 8 de la mañana para una servidora, hoy entro tarde). La primera puesta de corto de la temporada, esto es, faldita por debajo de la rodilla, negra como cojones de grillo y camiseta de mercadillo igual de negra y con un escote de los míos, generosillo para con los desfavorecidos.En el autobús, mientras saco mi libro e intento recuperar el aliento, veo movimientos sospechosos en el asiento que me queda en diagonal. Mirada rápida, un abuelo alemano, de esos absolutamente correcto que posiblemente se tragó como Hitler animaba a su soldadesca a hacer el ganso me mira furtivo a través de sus gafas de sol. Normalmente estas cosas me incomodan, pero por alguna razón no le echo una mirada matadora al abuelo. El abuelo no está ni remotamente interesado en mi pechuga, echa miraditas rápidas al pequeño trozo de pantorrilla que se puede observar bajo los pliegues de la falda, y acto seguido, como avergonzado-no de que yo lo haya visto, no sabe adónde miro tras las gafas negras y todo mi lenguaje corporal vocea que estoy ensimismada en mi libro mientras lo espío, es más como una vergüenza de sí mismo, como si se dijera tiene cojones mariano-o fritz-, que a tus años te pongas a espiar patas como un viejo verde cualquiera-. Me hace gracia y dejo al hombre con lo suyo, correcto como pocos, intentando no mirar. De repente noto el picorcillo familiar en la pierna, miro para abajo y veo que, sin ningún género de duda, la puta alergia vuelve a hacer su aparición. No se puede consentir, pienso, y cambio de posición con toda la gracia que puedo, que en mi caso es más bien escasa, intentando ocultar a la vista del venerable viejo verde que no lo es en absoluto el espectáculo de mis pantorrillas moteadas por antiestéticas pintas rojas, maniobra que, si bien oculta mi pantorrilla de su vista, deja al descubierto una minúscula porción de muslo, justo encima de la rodilla. El abuelo da un respingo. Disfrute del espectáculo abuelo, pienso, poniéndome cómoda, no hay derecho a enturbiarle a un digno combatiente de la vida el recuerdo de unas piernas, pienso con un suspiro, al tiempo que me doy cuenta, divertida, de que el hombre ni por un momento ha pensado en subir la vista más allá de la línea de mis muslos. Éste tiene que pertenecer a la casta cada vez más escasa de hombre que desprecian la vista de la tetas mercenarias expuestas en cualquier revista mientras rememoran con añoranza la curva del tobillo de la Bella Easo, o cualquier equivalente alemana de la época. Qué tiempos aquellos. Qué hombres estos.
29/04/2007 11:19 Autor: raksha. #.

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Autor: Aldara

Jooooooo, que goce de poooooost!
Hacia tiempo que no me pasaba por aqui, tia, tu talento literario es como el vino puesto en fast forward; a medida que pasa el tiempo, cada vez emamejo!
Espero poder entrar mas a menudo, Bella Easo, que siempre da gusto re-encontrarte!
A.

Fecha: 30/05/2007 18:48.


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